Qué asco. Tuve un compañero de curro al que le jumaban los tachines que no era ni normal. El muy guarro se dejaba los calcetines de un día para otro en la taquilla y al entrar en el vestuario te daba una bofetada el pestazo que te lloraban los ojos.
Un día me cansé y, con un palo, se los tiré por la ventana a tomar por el culo.
El muy guarro luego los estuvo buscando y preguntando por ellos y así fue cómo nos enteramos que usaba los mismos calcetines para el trabajo varios días.
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